divendres, 13 de març de 2020

La Culpa neurótica y la Culpa como interrogante orientador

¿Quién no ha sentido culpa alguna vez, aunque la mente diga que no tiene sentido sentirla?

Muy a menudo podemos razonar sobre la culpa. Y entender a nivel intelectual que no tiene sentido, que me merezco ser feliz, que antes de actuar no podía saber que el resultado sería ese, que me hago responsable y por lo tanto la culpa debería desaparecer....

Y aún así, a veces, la culpa continúa ahí, presionando en el vientre o en el pecho y tensando el alma y martirizando el pensamiento.

¿Cómo podemos trabajar la culpa para gestionarla mejor?


En primer lugar, puede que sientas culpa porque no te haces responsable de tu decisión. Este es un desarrollo muy propio del enfoque gestáltico, y se refiere a un posicionamiento inmaduro en el que después de tomar una decisión, no te haces cargo de sus consecuencias. Bert Hellinger lo explicó muy bien en el libro "Reconocer lo que es" y también a través de sus cuentos en "Cuentos de Vida".

En segundo lugar, y referenciándome en el libro "Las cuatro emociones básicas" de Marcelo Antoni, a quien admiro y con quien he tenido el placer y el honor de poder supervisar, se plantea esta primera opción como insuficiente y muy simplicadora de una emoción que genera mucho sufrimiento: "Se plantea la culpa como una emoción infantil: cuando madures y pases a un estadio de responsabilidad, se acabará el problema".

A veces nos responsabilizamos de nuestras acciones y aún y así, sigue apareciendo la culpa. Entonces, Marcelo distingue entre:

  • Culpa neurótica: aparece cuando proviene de la "necesidad" de cumplir una norma, un introyecto. Si estoy infringiendo esa norma rígida, soy culpable. Para equilibrar esa imposición rígida del cumplimiento de la norma (si no cumplo la norma estoy haciéndolo mal), nos ayudará hacer un trabajo de polaridades para integrar ambas.
  • Culpa no neurótica: es la culpa que actúa como un interrogante que nos orienta: "¿cómo estoy haciendo lo que estoy haciendo? ¿Es adecuado o no?". Al prestar atención a la culpa y a nuestras preguntas sobre ella, la culpa nos hace tomar conciencia de cómo gestionamos las situaciones, y nos ayuda a ir formando nuestro propio criterio, más allá de la norma rígida.

La culpa, con alto componente de la tradición judeo-cristiana, desde mis creencias agnósticas, no se pasa al rezar varios Padrenuestros. Y estoy convencida que el trabajo terapéutico de entender y gestionar la propia culpa, abre un camino de madurez, responsabilidad y coherencia, que se concreta en más calma interior, más facilidad en tomar decisiones, más facilidad para usar el propio criterio y para relacionarnos con los demás.