dijous, 14 d’octubre de 2010

Sobre la parella, les crisis, les opcions

Us convido a llegir el que he escrit per un article que adjuntaré properament, parlant de la parella i el patiment, són inseparables? Aviat publicaré en aquesta mateixa entrada l'article tal i com ha quedat definitivament. Per ara, allà va això:

La vida de una pareja pasa por diferentes etapas.

o Al principio, en la fase de enamoramiento, vivimos en la euforia, en las “mariposas en el estómago”, en la vivencia de lo que nos sucede cuando estamos con la otra persona, y de manera consciente o inconsciente tendemos a hacer lo posible por dilatar esa maravillosa sensación: pasamos por alto los pequeños conflictos que puedan romper ese estado, mostramos nuestra cara más amable y no vemos los defectos del otro.

o Con el paso del tiempo, cuando la relación va avanzando, empezamos a mostrarnos más, a pedir más, a expresar nuestras necesidades y nuestras limitaciones, a poner las cartas sobre la mesa: la euforia y sensación de globo inicial empieza a disminuir para dar paso a un vínculo más auténtico y profundo en el que también hay espacio para lo que no es perfecto y lo que no nos gusta (propio o de nuestra pareja).

o Dar espacio a esos elementos supone, casi siempre, un esfuerzo, pero también es la única manera de invertir en una relación auténtica, sólida y con futuro. No confundamos ese cambio en la manera de relacionarnos con una crisis irresoluble: si tenemos el interés y la paciencia necesarios y practicamos la adaptabilidad desde la fidelidad a nuestros valores, estamos trazando un buen camino por el que avanzar juntos.


La relación de pareja es como una planta: necesita que estemos pendientes de su salud, que la abonemos, que la reguemos, que la pongamos al sol. Si no lo hacemos, progresivamente se va marchitando y también nosotros mismos nos podemos sentir, en cierto modo, compartiendo ese estado mustio. Si el descuido se prolonga, la planta muere. Mientras nuestra planta está marchita y si somos conscientes de lo que está pasando, podemos tomar la decisión de volver a cuidarla y procurar por su recuperación.

Esos cuidados yo los resumiría en: fomentar una comunicación honesta en la que se pueda explicitar cómo se sienten cada uno de los miembros de la pareja, las propias demandas y escuchar las del otro; prestarse atención a uno mismo, atendiendo a las propias necesidades y distinguiendo cuáles son propias y cuáles son de la otra parte, para evitar confusiones y futuros reproches (dar lo que realmente queremos dar, recibir lo que queremos recibir); abrirse a la creatividad y divertirse, probar y enriquecerse con nuevas experiencias. Estos tres elementos (comunicación, conciencia y creatividad) son pilares para la buena salud. Si los hemos desatendido y nos encontramos en un momento de planta mustia, antes de desecharla, podemos probar a reconstruir el vínculo desde estas tres prácticas.

Otra práctica muy sanadora para las personas que están en pareja y que atraviesan momentos de crisis: cuestionarnos cuánta exigencia, cuántas expectativas estamos poniendo en nuestra pareja. Y también qué estamos poniendo de nuestra parte para que la relación avance, porque a menudo se nos olvida revisar nuestro papel.

Los estereotipos de lo que debe ser una pareja normal pueden llevarnos a la rigidez, y se trata precisamente de que cada pareja busque la mejor manera de funcionar desde lo que la propia experiencia les demuestra que les sienta bien, con toda la amplitud de la expresión. Dar un lugar a la creatividad y a la creación de nuevas fórmulas. El amor también tiene algo de mágico, ¿no es cierto?